En los últimos años, los chatbots de inteligencia artificial diseñados para apoyar el bienestar emocional pasaron de ser una curiosidad tecnológica a una herramienta que muchos pacientes ya usan por su cuenta, con o sin el conocimiento de su terapeuta. Aplicaciones que ofrecen conversación estructurada, psicoeducación y ejercicios basados en terapia cognitivo-conductual (TCC) se presentan como un recurso disponible las 24 horas, algo que ningún consultorio puede ofrecer.
Para quienes ejercemos la clínica, esto plantea una pregunta concreta: ¿qué evidencia respalda su uso como complemento entre sesiones y qué riesgos éticos implica incorporarlos —o simplemente tolerarlos— en el proceso terapéutico? Este artículo repasa los hallazgos de investigaciones recientes, sus limitaciones metodológicas y los resguardos que conviene considerar antes de sugerir o validar su uso con pacientes.
Vale aclarar desde el inicio que la evidencia disponible se refiere a chatbots diseñados específicamente con fines terapéuticos o psicoeducativos, no a asistentes conversacionales generales. Esta distinción es clave a la hora de interpretar los resultados y de orientar a los pacientes que preguntan sobre estas herramientas.
¿Qué es un chatbot terapéutico y para qué se usa entre sesiones?
Los chatbots terapéuticos son programas conversacionales entrenados para ofrecer intervenciones estructuradas —generalmente basadas en TCC, mindfulness o técnicas de regulación emocional— a través de mensajes de texto o voz. Se diferencian de los chatbots generales en que fueron desarrollados con un marco clínico específico, contenidos revisados por profesionales y, en algunos casos, protocolos de derivación ante señales de riesgo.
Entre sesiones, suelen emplearse para:
- Reforzar psicoeducación entregada en consulta.
- Facilitar el registro de estados de ánimo o pensamientos automáticos.
- Guiar ejercicios breves de respiración, reestructuración cognitiva o activación conductual.
- Ofrecer contención de baja intensidad en momentos de malestar fuera del horario de atención.
Este uso se enmarca en la lógica de las intervenciones de self-monitoring y seguimiento activo entre encuentros, un enfoque que ya vimos al hablar del registro conductual con línea de base como herramienta clínica.
Qué muestra la evidencia disponible
Eficacia en síntomas depresivos y ansiosos a corto plazo
Una revisión sistemática con metaanálisis publicada en Journal of Affective Disorders encontró que los chatbots basados en IA muestran eficacia significativa en la reducción de síntomas depresivos y ansiosos en tratamientos de corta duración, lo que respalda su utilidad como complemento terapéutico en ese marco temporal acotado (Zhong et al., 2024). Los propios autores advierten sobre la heterogeneidad entre los estudios incluidos y el seguimiento a corto plazo como limitaciones relevantes.
Resultados en adolescentes y jóvenes adultos
Otra revisión sistemática con metaanálisis, centrada en población adolescente y de jóvenes adultos, halló efectos moderados de los chatbots de IA en la reducción del malestar psicológico y en la promoción de conductas de salud, aunque con eficacia variable según el diseño específico de cada chatbot (Feng et al., 2025). Esto sugiere que no todos los desarrollos son equivalentes y que el diseño conversacional y clínico importa.
Ensayos controlados aleatorizados específicos
A nivel de estudios individuales, un ensayo controlado aleatorizado en jóvenes adultos durante la pandemia de COVID-19 mostró una reducción significativa de síntomas depresivos con el uso de un chatbot frente a condiciones control (He et al., 2022). En una línea similar, un ensayo con estudiantes universitarios chinos evaluó un chatbot basado en TCC y encontró reducciones en depresión y soledad, con el estrés financiero como variable moderadora del efecto (Wang et al., 2025).
Uno de los estudios pioneros en este campo, con el chatbot Tess, reportó reducciones significativas de síntomas de depresión y ansiedad en un plazo breve, aportando evidencia temprana sobre el potencial de estas herramientas como recurso complementario entre sesiones (Fulmer et al., 2018).
Límites de la evidencia que hay que tener presentes
Antes de trasladar estos hallazgos a la práctica, conviene señalar limitaciones que atraviesan buena parte de esta literatura:
- Heterogeneidad metodológica: los chatbots evaluados difieren en diseño, marco teórico y modo de interacción, lo que dificulta comparar resultados entre estudios.
- Seguimiento a corto plazo: la mayoría de los estudios mide efectos inmediatos o a pocas semanas, sin datos robustos sobre sostenibilidad del cambio.
- Poblaciones específicas: varios ensayos se realizaron con estudiantes universitarios o jóvenes adultos, lo que limita la generalización a otros grupos etarios o cuadros clínicos.
- Ausencia de comparación con terapia profesional activa: gran parte de los diseños compara el chatbot contra listas de espera o condiciones control pasivas, no contra tratamiento psicológico presencial.
- Posible efecto de novedad: la interacción con una tecnología nueva puede generar expectativas positivas que se atenúen con el uso prolongado.
Riesgos éticos y clínicos: el fenómeno de la “psicosis por IA”
Junto con los hallazgos favorables, la literatura reciente también documenta riesgos que no pueden minimizarse. Un trabajo publicado en JMIR Mental Health describe casos de experiencias delirantes asociadas a interacciones intensas y prolongadas con chatbots de IA, un fenómeno que sus autores denominan “psicosis por IA” (Hudon & Stip, 2025). Se trata de reportes de casos de naturaleza exploratoria, que no permiten establecer causalidad ni estimar prevalencia poblacional, pero que sí alertan sobre un riesgo concreto en poblaciones vulnerables o con predisposición a cuadros psicóticos.
Este hallazgo obliga a pensar en al menos tres dimensiones de riesgo:
- Vulnerabilidad clínica: pacientes con antecedentes de episodios psicóticos, ideación suicida activa o descompensaciones graves requieren un criterio clínico previo antes de sugerir cualquier herramienta de IA conversacional, y en muchos casos están directamente contraindicados.
- Dependencia relacional: el uso intensivo de un chatbot puede reforzar patrones de evitación del vínculo humano o generar una relación parasocial que interfiera con la alianza terapéutica.
- Falsa sensación de contención: un chatbot no puede evaluar riesgo suicida ni intervenir en una crisis con el criterio clínico de un profesional, por lo que presentarlo como sustituto de contención de guardia es un error grave.
Consideraciones éticas y prácticas para la integración clínica
Si un profesional decide incorporar o al menos discutir el uso de chatbots como complemento, algunos resguardos resultan indispensables:
- Evaluación previa del caso: considerar diagnóstico, historia clínica y estabilidad psíquica antes de sugerir la herramienta, y descartar su uso en cuadros de riesgo activo.
- Consentimiento informado explícito: el paciente debe saber que interactúa con un sistema automatizado, sus alcances y sus límites.
- Protección de datos personales: muchas de estas aplicaciones procesan información sensible en servidores externos, lo que exige atención especial al marco normativo vigente, tal como desarrollamos al analizar la Ley 25.326 y el secreto profesional frente a herramientas digitales.
- Marco legal de la práctica digital: si el chatbot se integra a un dispositivo de telepsicología, conviene revisar las implicancias normativas descritas en nuestra guía sobre telepsicología en Argentina.
- Monitoreo del efecto en la alianza terapéutica: herramientas de feedback como las que describimos en el uso de ORS y SRS en Feedback-Informed Treatment pueden ayudar a detectar si el chatbot fortalece o debilita el vínculo con el terapeuta.
- Límites claros de uso: definir junto con el paciente para qué situaciones sí y para cuáles no está indicado recurrir al chatbot entre sesiones.
Conclusiones
La evidencia disponible sugiere que los chatbots terapéuticos basados en IA pueden tener un efecto positivo y significativo en la reducción de síntomas depresivos y ansiosos, particularmente en tratamientos breves y en poblaciones jóvenes, cuando se los usa como complemento y no como sustituto de la psicoterapia. Sin embargo, esa evidencia proviene mayormente de estudios con seguimientos cortos, poblaciones específicas y comparaciones contra condiciones pasivas, lo que exige cautela al extrapolar resultados a la práctica clínica cotidiana.
Al mismo tiempo, los reportes sobre experiencias delirantes vinculadas a un uso intensivo de estas herramientas recuerdan que no se trata de una tecnología neutra ni exenta de riesgos, especialmente en pacientes vulnerables. La integración responsable de chatbots en el proceso terapéutico requiere criterio clínico caso por caso, resguardo de datos, consentimiento informado y un monitoreo activo de su impacto en la alianza y el bienestar del paciente. Ningún chatbot reemplaza el juicio clínico ni la contención humana en momentos de crisis.
Preguntas frecuentes
¿Los chatbots terapéuticos pueden reemplazar la psicoterapia?
No hay evidencia que respalde esa equivalencia. Los estudios disponibles los evalúan como complemento de corta duración o como recurso de apoyo entre sesiones, no como sustituto del tratamiento profesional continuo.
¿Qué pacientes no deberían usar este tipo de herramientas?
Personas con antecedentes de episodios psicóticos, ideación suicida activa, descompensaciones graves o alto riesgo clínico requieren evaluación profesional previa; en muchos de estos casos, el uso de chatbots está contraindicado o debe restringirse fuertemente.
¿Es ético que un terapeuta recomiende un chatbot a un paciente?
Puede serlo si se acompaña de evaluación clínica del caso, consentimiento informado claro sobre los alcances de la herramienta y monitoreo de su efecto en el proceso terapéutico, incluyendo aspectos de protección de datos personales.
¿Qué riesgo específico señala la evidencia sobre el uso intensivo de chatbots?
Reportes de caso documentan experiencias delirantes asociadas a interacciones intensas con chatbots de IA, un fenómeno descripto como “psicosis por IA”, aunque se trata de evidencia exploratoria que no permite establecer causalidad ni prevalencia.
Referencias
- Zhong, W., Luo, J., & Zhang, H. (2024). The therapeutic effectiveness of artificial intelligence-based chatbots in alleviation of depressive and anxiety symptoms in short-course treatments: A systematic review and meta-analysis. Journal of Affective Disorders. https://doi.org/10.1016/j.jad.2024.04.057
- Hudon, A., & Stip, E. (2025). Delusional Experiences Emerging From AI Chatbot Interactions or “AI Psychosis”. JMIR Mental Health. https://doi.org/10.2196/85799
- Feng, X., Tian, L., Ho, G. W. K., Yorke, J., & Hui, V. (2025). The Effectiveness of AI Chatbots in Alleviating Mental Distress and Promoting Health Behaviors Among Adolescents and Young Adults: Systematic Review and Meta-Analysis. Journal of Medical Internet Research. https://doi.org/10.2196/79850
- He, Y., Yang, L., Zhu, X., Wu, B., Zhang, S., Qian, C., & Tian, T. (2022). Mental Health Chatbot for Young Adults With Depressive Symptoms During the COVID-19 Pandemic: Single-Blind, Three-Arm Randomized Controlled Trial. Journal of Medical Internet Research. https://doi.org/10.2196/40719
- Wang, Y., Li, X., Zhang, Q., Yeung, D., & Wu, Y. (2025). Effect of a Cognitive Behavioral Therapy-Based AI Chatbot on Depression and Loneliness in Chinese University Students: Randomized Controlled Trial With Financial Stress Moderation. JMIR mHealth and uHealth. https://doi.org/10.2196/63806
- Fulmer, R., Joerin, A., Gentile, B., Lakerink, L., & Rauws, M. (2018). Using Psychological Artificial Intelligence (Tess) to Relieve Symptoms of Depression and Anxiety: Randomized Controlled Trial. JMIR Mental Health. https://doi.org/10.2196/mental.9782