El entrenamiento de modificación del sesgo atencional (attention bias modification training, ABMT) surgió hace más de dos décadas como una promesa atractiva: si las personas con trastornos de ansiedad muestran un sesgo atencional hacia estímulos amenazantes, entonces entrenar computacionalmente esa atención hacia estímulos neutros debería reducir la ansiedad. La lógica es simple y el procedimiento, generalmente basado en la tarea dot-probe, es de bajo costo y fácil de administrar. Sin embargo, la evidencia acumulada en los últimos años pinta un panorama mucho más matizado que el entusiasmo inicial.
Para quienes trabajamos clínicamente con pacientes ansiosos, la pregunta relevante no es si el ABMT “funciona o no” en abstracto, sino qué nivel de evidencia respalda su uso, en qué poblaciones, con qué formato de entrega y con qué expectativas realistas. Este artículo revisa los hallazgos más recientes sobre eficacia y mecanismo, y ofrece pautas prácticas para quienes consideran incorporarlo como complemento de baja intensidad.
Vale aclarar desde el inicio: el ABMT no reemplaza a los tratamientos con mayor respaldo empírico para los trastornos de ansiedad, como la terapia cognitivo-conductual con exposición. Su lugar, si lo tiene, parece ser el de una intervención complementaria o de baja intensidad en contextos específicos.
Qué es el ABMT y cuál es su fundamento teórico
El modelo teórico que sostiene al ABMT plantea que los trastornos de ansiedad se caracterizan y se mantienen, en parte, por un sesgo atencional selectivo hacia estímulos amenazantes (caras enojadas, palabras relacionadas con peligro, etc.). Este sesgo se mediría mediante tareas como el dot-probe, donde se presentan pares de estímulos (uno amenazante y uno neutro) y se mide el tiempo de reacción a una sonda que aparece en el lugar de uno de ellos.
El entrenamiento consiste en manipular sistemáticamente la contingencia de la tarea para que la sonda aparezca siempre (o mayoritariamente) en la ubicación del estímulo neutro, entrenando así una redirección atencional que, en teoría, generalizaría a la vida cotidiana y reduciría los síntomas ansiosos.
El problema del mecanismo subyacente
Este es, precisamente, uno de los puntos más cuestionados en la literatura reciente. Un meta-análisis sobre sesgo basal en ensayos controlados aleatorizados de ABMT no encontró evidencia consistente de que las muestras clínicas de ansiedad y trastorno de estrés postraumático presenten, en la tarea dot-probe, el sesgo atencional hacia amenaza que el modelo teórico postula como base del trastorno (Kruijt, Parsons y Fox, 2018). Si el supuesto fundacional no se sostiene de manera robusta, esto tiene implicancias directas sobre por qué (o si) el entrenamiento debería funcionar.
Qué muestra la evidencia sobre eficacia clínica
La revisión de meta-análisis de Jones y Sharpe (2017) sintetiza el efecto general de las intervenciones de modificación de sesgos cognitivos —tanto atencionales como interpretativos— sobre síntomas de ansiedad y depresión. Los autores reportan efectos modestos y con alta heterogeneidad entre estudios primarios, lo que dificulta extraer conclusiones definitivas sobre la eficacia clínica del ABMT como intervención autónoma.
En el terreno específico de la ansiedad social, el meta-análisis de Heeren, Mogoașe, Philippot y McNally (2015) encuentra resultados similares: efectos limitados y heterogéneos, con tamaños de muestra pequeños en los estudios individuales y seguimientos mayoritariamente a corto plazo. Los autores cuestionan directamente la eficacia clínica robusta del ABMT como tratamiento independiente para este cuadro.
Evidencia más reciente y matices
No todo el panorama es negativo. Un ensayo controlado aleatorizado publicado en 2025 evaluó la eficacia clínica y los correlatos neurobiológicos de una modificación de sesgo de memoria/atención en ansiedad, aportando evidencia experimental sobre los mecanismos subyacentes al tratamiento (Hakamata et al., 2025). Este tipo de diseños, que combinan medidas conductuales con neuroimagen, son valiosos para entender “por qué” podría funcionar en algunos casos, aunque las muestras suelen ser reducidas y la generalización a otras poblaciones clínicas todavía requiere replicación independiente.
En poblaciones pediátricas, un ensayo clínico evaluó el entrenamiento atencional como tratamiento de baja intensidad en jóvenes derivados clínicamente por ansiedad (Pettit et al., 2023), lo cual aporta un dato relevante: el ABMT podría tener un rol más claro como paso inicial o complementario dentro de modelos de cuidado escalonado, antes de indicar tratamientos de mayor intensidad, y no como sustituto de estos.
Formatos de entrega: de laboratorio a smartphone
Uno de los desarrollos más interesantes de los últimos años es la migración del ABMT hacia formatos digitales autoadministrados. Una revisión sistemática y meta-análisis sobre entrenamiento de sesgo atencional entregado vía smartphone mostró que la implementación digital es viable, con efectos variables sobre síntomas de ansiedad según el estudio (Banire et al., 2024). Esto es relevante para la práctica porque abre la puerta a que el ABMT se use como complemento entre sesiones, con menor carga para el profesional, aunque los propios autores señalan heterogeneidad en los diseños, adherencia variable y falta de estandarización en la dosis y duración del entrenamiento.
Consideraciones prácticas para la implementación
Si un profesional evalúa incorporar ABMT en su práctica, conviene tener en cuenta los siguientes puntos:
- No es un tratamiento de primera línea. La evidencia actual no respalda su uso como intervención principal o única para trastornos de ansiedad; su lugar más defendible es el de complemento o intervención de baja intensidad.
- Establecer expectativas realistas con el paciente. Presentarlo como una herramienta experimental de apoyo, no como una solución con eficacia garantizada, es coherente con el estado actual de la evidencia y con el consentimiento informado.
- Considerar el contexto de cuidado escalonado. Puede tener mayor sentido en fases iniciales, en listas de espera, o como puente antes de acceder a tratamientos con mayor evidencia, más que como reemplazo de estos.
- Monitorear la respuesta individual. Dada la heterogeneidad de los efectos reportados en los meta-análisis, es esperable que la respuesta varíe considerablemente entre pacientes; el seguimiento sistemático de síntomas resulta indispensable.
- Evaluar la calidad del protocolo digital. Si se usa una app o plataforma de entrega, verificar duración del entrenamiento, número de ensayos y evidencia específica de esa herramienta, en lugar de asumir que todos los productos de ABMT son equivalentes.
Este tipo de cautela metodológica es coherente con lo que discutimos al analizar el sesgo de publicación en meta-análisis de psicoterapia: la heterogeneidad y los efectos modestos reportados en ABMT podrían estar, en parte, influidos por sesgos de publicación y por la variabilidad en cómo se diseñan y reportan los ensayos.
Relación con otros abordajes de la ansiedad
El ABMT puede pensarse dentro de un espectro más amplio de intervenciones complementarias para la ansiedad, junto con otras herramientas de apoyo que no sustituyen a la psicoterapia validada pero pueden potenciarla, como el biofeedback de HRV. En ambos casos, la clave está en integrar la herramienta dentro de un plan de tratamiento fundamentado, y no en ofrecerla como intervención aislada con expectativas de cura.
Conclusiones
La evidencia disponible sobre ABMT en trastornos de ansiedad es, en el mejor de los casos, mixta. Los meta-análisis más citados encuentran efectos modestos y altamente heterogéneos, y al menos una revisión pone en duda el supuesto teórico central que justificaría por qué el entrenamiento debería funcionar. Al mismo tiempo, estudios más recientes —incluyendo ensayos con correlatos neurobiológicos, aplicaciones en jóvenes clínicos y formatos digitales— sugieren que todavía hay margen para identificar subgrupos de pacientes o formatos de entrega en los que el ABMT podría aportar algo, particularmente como intervención de baja intensidad dentro de modelos escalonados de atención.
Para la práctica clínica, esto se traduce en una recomendación de cautela informada: el ABMT no debería presentarse como un tratamiento con eficacia demostrada de manera robusta, pero tampoco descartarse por completo como herramienta complementaria en contextos específicos, siempre con seguimiento sistemático de la respuesta del paciente y expectativas ajustadas a la evidencia real.
Preguntas frecuentes
¿El ABMT puede reemplazar a la terapia cognitivo-conductual para ansiedad?
No. La evidencia actual no respalda su uso como tratamiento único o de primera línea. En el mejor de los escenarios, funciona como complemento o intervención de baja intensidad dentro de un plan de tratamiento más amplio.
¿Por qué los resultados de los estudios son tan heterogéneos?
Los meta-análisis revisados señalan variabilidad en los protocolos de entrenamiento (duración, número de ensayos, tipo de estímulos), en las medidas de resultado utilizadas y en los tamaños de muestra, lo que dificulta comparar estudios entre sí y extraer conclusiones definitivas.
¿Existe evidencia de que el sesgo atencional hacia amenaza realmente esté presente en pacientes ansiosos?
Un meta-análisis reciente sobre sesgo basal en ensayos de ABMT no encontró evidencia consistente de dicho sesgo en muestras clínicas de ansiedad y TEPT usando la tarea dot-probe, lo que cuestiona el fundamento teórico central de esta intervención.
¿Tiene sentido usar apps de ABMT como tarea entre sesiones?
Es una opción viable desde el punto de vista de implementación, según revisiones sobre entrega vía smartphone, pero con efectos variables y falta de estandarización en dosis y duración. Conviene evaluar la evidencia específica de cada herramienta antes de recomendarla.
Referencias
- Jones, E. B., & Sharpe, L. (2017). Cognitive bias modification: A review of meta-analyses. Journal of Affective Disorders. https://doi.org/10.1016/j.jad.2017.07.034
- Heeren, A., Mogoașe, C., Philippot, P., & McNally, R. J. (2015). Attention bias modification for social anxiety: A systematic review and meta-analysis. Clinical Psychology Review. https://doi.org/10.1016/j.cpr.2015.06.001
- Hakamata, Y., Mizukami, S., Izawa, S., Matsui, M., Moriguchi, Y., Hanakawa, T., Hori, H., Inoue, Y., & Tagaya, H. (2025). The effectiveness and neurobiological actions of memory bias modification: a randomized controlled trial. Psychological Medicine. https://doi.org/10.1017/S0033291725102535
- Banire, B., Orr, M., Burns, H., McGowan, Y., Orji, R., & Meier, S. (2024). Smartphone-Delivered Attentional Bias Modification Training for Mental Health: Systematic Review and Meta-Analysis. JMIR Mental Health. https://doi.org/10.2196/56326
- Pettit, J. W., Rey, Y., Marin, C. E., Bechor, M., Lebowitz, E. R., Vasey, M. W., Jaccard, J., Abend, R., Pine, D. S., Bar-Haim, Y., & Silverman, W. K. (2023). Attention Training as a Low-Intensity Treatment for Concerning Anxiety in Clinic-Referred Youth. Behavior Therapy. https://doi.org/10.1016/j.beth.2022.07.004
- Kruijt, A.-W., Parsons, S., & Fox, E. (2018). A meta-analysis of bias at baseline in RCTs of attention bias modification: no evidence for dot-probe bias towards threat in clinical anxiety and PTSD. https://doi.org/10.31234/osf.io/rfjup