Las metáforas atraviesan la práctica clínica de manera casi inevitable: hablamos de “tocar fondo”, de “cargar con un peso”, de emociones que “desbordan” o pensamientos que “dan vueltas”. Muchos terapeutas las usan de forma intuitiva, sin detenerse a pensar en su función ni en su ajuste al paciente. Sin embargo, una metáfora bien construida puede facilitar el insight y fortalecer la alianza, mientras que una metáfora impuesta o mal calibrada puede generar distancia, incomprensión o incluso reforzar una narrativa poco útil.

Este artículo revisa qué dice la literatura disponible sobre el uso de metáforas en psicoterapia, con foco en tres preguntas: de dónde conviene extraerlas, cómo ajustarlas al paciente a lo largo del proceso y qué tan sólida es la evidencia que respalda su eficacia. Vale aclarar desde el inicio que la investigación en este campo es mayormente cualitativa y exploratoria, por lo que las conclusiones deben tomarse como orientaciones clínicas razonables y no como resultados definitivos.

¿Qué es una metáfora terapéutica y para qué sirve?

Una metáfora terapéutica es un recurso de lenguaje que traduce una experiencia interna —a menudo abstracta o difícil de verbalizar— en una imagen concreta que resulta más manejable para pensar, sentir y comunicar. No se trata solo de un adorno retórico: cumple funciones clínicas específicas.

Un trabajo clásico de Cirillo y Crider (1995) propuso una clasificación de los usos distintivos de la metáfora en sesión que sigue siendo útil como marco orientador:

Es importante remarcar que esta propuesta surge de la observación clínica y no de un diseño experimental, por lo que funciona más como una guía conceptual que como un hallazgo con respaldo cuantitativo.

De dónde vienen las mejores metáforas: el lenguaje del paciente

Uno de los errores más frecuentes es que el terapeuta introduzca una metáfora propia, elegante desde su perspectiva, pero ajena al mundo simbólico del paciente. La evidencia disponible sugiere que el camino más efectivo es el inverso: partir del lenguaje metafórico que el paciente ya trae espontáneamente.

Un estudio cualitativo de Mathieson et al. (2017), realizado en el contexto de terapia cognitivo-conductual, encontró que atender y reflejar el lenguaje metafórico espontáneo del paciente durante la conceptualización de caso fortalece la alianza terapéutica y facilita la colaboración. Cuando el terapeuta retoma la imagen que el propio paciente utilizó —por ejemplo, si habla de sentirse “como en una jaula”— y la incorpora a la formulación compartida, el paciente percibe que fue escuchado en un nivel más profundo que el meramente descriptivo.

Este hallazgo se conecta directamente con los principios de reparación de rupturas en la alianza terapéutica: muchas veces esas rupturas se producen justamente cuando el terapeuta impone su propio marco de significado por encima del que el paciente está intentando comunicar.

Cómo detectar metáforas espontáneas en el discurso del paciente

Construcción y ajuste de la metáfora en sesión

Una vez identificada una metáfora productiva —propia del paciente o introducida por el terapeuta con acuerdo implícito—, el trabajo clínico consiste en ajustarla, desarrollarla y, en algunos casos, transformarla a medida que avanza el proceso.

Principios para construir una metáfora clínicamente útil

Consistencia y variabilidad: cuándo mantener la misma metáfora y cuándo variarla

Un análisis discursivo incluido en la obra colectiva Metaphor in Language, Cognition, and Communication (2013) examinó cómo la consistencia y la variabilidad en el uso de metáforas por parte del terapeuta funcionan como estrategias discursivas para ajustar el significado terapéutico a las necesidades del paciente a lo largo de la sesión. La idea central es que mantener una misma imagen a lo largo de varias sesiones ayuda a consolidar un marco compartido, mientras que introducir variaciones o nuevas metáforas en momentos clave puede favorecer que el paciente incorpore matices o perspectivas distintas sobre su propia experiencia.

Co-construcción con el paciente

Otro capítulo de la misma obra (2013) describe la transición del discurso metafórico cotidiano hacia un discurso terapéutico más especializado, señalando que las metáforas más potentes suelen surgir de un proceso de co-construcción entre terapeuta y paciente, y no de una entrega unilateral. Esto refuerza la idea de que la metáfora no es una técnica que se “aplica”, sino un proceso conversacional que se negocia en tiempo real.

Contextos clínicos donde la metáfora requiere especial cuidado

Dolor crónico y metáforas del cuerpo

En contextos como el dolor crónico, el lenguaje metafórico adquiere una relevancia particular porque puede reforzar o atenuar creencias sobre la cronicidad, la fragilidad corporal o la posibilidad de mejora. Una revisión narrativa de Munday, Kneebone y Newton-John (2021) analiza cómo el lenguaje y las metáforas usadas tanto por pacientes como por clínicos influyen en la percepción del dolor, el afrontamiento y la comunicación terapéutica, y sugiere la necesidad de un uso cuidadoso y ajustado de estas imágenes. Por ejemplo, metáforas de “daño estructural” o “desgaste” pueden reforzar el temor al movimiento, mientras que imágenes más flexibles pueden favorecer una relación menos catastrófica con el síntoma. Esta revisión es de carácter teórico y no aporta datos cuantitativos de eficacia, pero funciona como una advertencia clínica valiosa aplicable más allá del dolor crónico: toda metáfora terapéutica puede tener efectos no deseados si no se monitorea su impacto.

Herramientas estructuradas: tarjetas metafóricas asociativas

Existen también herramientas más estructuradas que facilitan el trabajo metafórico, como las tarjetas metafóricas asociativas. Un trabajo reciente de Calancea (2025) describe su uso en psicoterapia individual y grupal como facilitador de la elaboración simbólica y el insight, mostrando aplicaciones prácticas a través de un relato clínico. Estas tarjetas pueden ser útiles como disparador cuando el paciente tiene dificultades para verbalizar espontáneamente su experiencia, aunque conviene señalar que la evidencia presentada corresponde a un estudio de caso, sin diseño experimental ni evaluación sistemática de resultados, por lo que su recomendación debe hacerse con cautela y no como sustituto de la escucha clínica activa.

Qué dice (y qué no dice) la evidencia

Es importante ser honestos respecto al estado actual de la investigación sobre metáforas terapéuticas: se trata de un campo con producción mayormente cualitativa, teórica o basada en análisis de discurso y estudios de caso. No existen, dentro de las fuentes revisadas, ensayos controlados aleatorizados que midan el efecto de las metáforas sobre resultados clínicos duros (reducción de síntomas, remisión diagnóstica, recaídas). Lo que sí hay son indicios consistentes, provenientes de distintas tradiciones metodológicas, de que:

  1. Atender el lenguaje metafórico espontáneo del paciente se asocia con mayor percepción de alianza terapéutica.
  2. Las metáforas cumplen funciones diferenciadas (explicar, evocar, reestructurar) según el momento del proceso.
  3. La forma en que se usa el lenguaje metafórico —incluyendo su consistencia o variación— puede influir en cómo el paciente construye significado sobre su malestar, particularmente en condiciones como el dolor crónico.

Esta evidencia, aunque limitada en robustez, es coherente con lo que se sabe sobre el peso de los factores relacionales y comunicacionales en el resultado terapéutico, un tema que también se aborda al pensar en herramientas de retroalimentación continua sobre la alianza a lo largo del tratamiento.

Conclusiones

Trabajar con metáforas en sesión no requiere creatividad literaria, sino disciplina clínica: escuchar con atención las imágenes que el paciente ya utiliza, resistir la tentación de imponer las propias, chequear activamente si la metáfora resuena y estar dispuesto a modificarla o abandonarla si deja de ser útil. La evidencia disponible, aunque mayormente cualitativa y de baja a media calidad metodológica, converge en señalar que este trabajo cuidadoso con el lenguaje fortalece la alianza y puede facilitar procesos de insight y resignificación.

Al mismo tiempo, conviene mantener expectativas realistas: no existe hoy evidencia experimental sólida que permita afirmar que el uso de metáforas, por sí solo, mejora resultados clínicos medibles. Su valor parece residir más en su aporte a la calidad del vínculo y la comunicación terapéutica que en un efecto técnico aislado, por lo que su uso debería integrarse siempre dentro del marco teórico y ético del enfoque que cada profesional utilice, y nunca como una técnica “mágica” desconectada del resto del proceso.

Preguntas frecuentes

¿Cualquier metáfora funciona igual para todos los pacientes?

No. La evidencia disponible sugiere que las metáforas más efectivas son las que surgen del propio lenguaje del paciente o se ajustan a su marco cultural y experiencial. Una imagen que funciona con una persona puede resultar confusa o incluso ofensiva para otra.

¿Qué riesgos tiene usar metáforas mal ajustadas?

Pueden generar sensación de incomprensión, reforzar creencias poco útiles (por ejemplo, sobre fragilidad corporal en dolor crónico) o introducir una distancia entre el lenguaje del terapeuta y la experiencia real del paciente, afectando la alianza terapéutica.

¿Las tarjetas metafóricas u otros recursos estructurados reemplazan la escucha clínica?

No deberían. Las herramientas estructuradas pueden facilitar la elaboración simbólica en algunos pacientes, pero la evidencia que las respalda proviene principalmente de relatos de caso, por lo que conviene usarlas como complemento y no como sustituto del análisis clínico individualizado.

Referencias

  1. Mathieson, F., Jordan, J., Merrick, P., & Stubbe, M. (2017). Juicy Conceptualizations: Increasing Alliance Through Attending to Client Metaphoric Language. Behavioural and Cognitive Psychotherapy. https://doi.org/10.1017/S1352465817000339
  2. Munday, I., Kneebone, I., & Newton-John, T. (2021). The language of chronic pain. Disability and Rehabilitation. https://doi.org/10.1080/09638288.2019.1624842
  3. Cirillo, L., & Crider, C. (1995). Distinctive therapeutic uses of metaphor. Psychotherapy: Theory, Research, Practice, Training. https://doi.org/10.1037/0033-3204.32.4.511
  4. Metaphoric consistency and variability as therapeutic discourse strategies (2013). En Metaphor in Language, Cognition, and Communication. https://doi.org/10.1075/milcc.1.05ch5
  5. From therapeutic discourse to the discourse of therapy (2013). En Metaphor in Language, Cognition, and Communication. https://doi.org/10.1075/milcc.1.06ch6
  6. Calancea, A. (2025). Unlocking the psyche: the therapeutic power of associative metaphor cards in individual and group psychotherapy. The therapeutic story “Mustafa. The way to yourself”. Acta et Commentationes: Științe ale Educației. https://doi.org/10.36120/2587-3636.v39i1.184-202