Las preguntas circulares son una de las herramientas más reconocibles del modelo sistémico de Milán, pero también una de las más difíciles de aplicar con precisión fuera de la supervisión directa. No se trata simplemente de “preguntar distinto”, sino de un dispositivo conversacional diseñado para que el propio proceso de preguntar genere información relacional nueva, tanto para el terapeuta como para la familia o el sistema consultante.

En este artículo presentamos un protocolo clínico ordenado para diseñar y secuenciar preguntas circulares en sesión, describimos sus fundamentos teóricos y revisamos qué tipo de evidencia respalda su uso. Como vas a ver, la mayor parte de las fuentes disponibles son de carácter teórico-clínico o cualitativo, y eso tiene implicancias importantes a la hora de comunicar sus alcances reales.

Esta guía está pensada para psicólogos que trabajan con terapia familiar, de pareja o incluso en formato individual con enfoque sistémico, y que buscan un marco claro para incorporar esta técnica sin perder rigor clínico.

Qué son las preguntas circulares

El término fue introducido por Peggy Penn en un artículo seminal de 1982 que sistematizó una práctica que el equipo de Milán venía desarrollando en sus entrevistas familiares (Penn, 1982). A diferencia de las preguntas lineales, que buscan información causal directa (“¿por qué hacés esto?”), las preguntas circulares invitan a describir diferencias, relaciones y secuencias de interacción entre dos o más miembros del sistema.

La pregunta circular típica no se dirige a la persona sobre la que se pregunta, sino a un tercero, que debe describir cómo percibe la relación entre otros dos. Por ejemplo: “¿Quién se preocupa más cuando tu hermano se encierra en su cuarto, vos o tu mamá?”. Esta estructura triádica es la marca distintiva del método.

Fundamentos teóricos del modelo

Penn (1982) y las síntesis posteriores de Kennedy, Szarzynski y Bautista (2019) describen tres pilares interdependientes que sostienen la técnica dentro del modelo de Milán:

Hipotetización

Antes y durante la sesión, el equipo terapéutico formula hipótesis relacionales provisorias sobre el funcionamiento del sistema. Las preguntas circulares no buscan confirmar esas hipótesis de manera directa, sino testearlas indirectamente a través de las respuestas de distintos miembros de la familia.

Circularidad

Cada respuesta se convierte en información que retroalimenta la siguiente pregunta. El terapeuta no sigue un guion fijo: ajusta la pregunta siguiente según lo que acaba de escuchar, generando un circuito de retroalimentación entre pregunta, respuesta y nueva pregunta.

Neutralidad

El terapeuta busca no tomar partido ni validar una versión de los hechos por sobre otra. Esto no implica pasividad, sino una postura activa de curiosidad que da espacio a que coexistan múltiples descripciones de la misma situación relacional.

Protocolo clínico para aplicar preguntas circulares

A partir de las guías prácticas desarrolladas por Hedges (2005) y por el capítulo clásico sobre entrevista circular de 2002, se puede ordenar la aplicación de la técnica en los siguientes tipos de preguntas, que conviene secuenciar de lo más concreto a lo más hipotético.

1. Preguntas de diferencia o triádicas

2. Preguntas de clasificación o ranking

3. Preguntas sobre secuencias interaccionales

4. Preguntas hipotéticas y orientadas al futuro

5. Preguntas de coalición y alianzas

Cómo secuenciar la entrevista

  1. Empezar con preguntas de diferencia sobre temas de bajo nivel de amenaza.
  2. Avanzar a preguntas de secuencia para mapear el patrón interaccional actual.
  3. Introducir preguntas de ranking o coalición cuando ya exista suficiente apertura en la sala.
  4. Cerrar con preguntas hipotéticas que proyecten alternativas, dejando la interpretación abierta en lugar de prescriptiva.

Vale aclarar que este tipo de entrevista estructurada por preguntas comparte lógica con otras herramientas de comunicación clínica que priorizan la exploración antes que la interpretación directa, como se desarrolla en la guía sobre metáforas terapéuticas en sesión.

Aplicación más allá del formato familiar

Si bien el método nació en el contexto de entrevistas familiares, Hedges (2005) desarrolló un protocolo específico para adaptar las preguntas circulares a la terapia sistémica con individuos. En ese formato, el paciente es invitado a responder “como si” fuera otro miembro significativo de su red vincular, sosteniendo la lógica relacional aunque esa persona no esté presente en la sala.

Esta adaptación resulta particularmente relevante para psicólogos que trabajan en consulta individual pero con una mirada sistémica sobre los vínculos del paciente, y puede complementarse con otras estrategias de exploración de patrones familiares como las descriptas en el artículo sobre emoción expresada en familias.

Qué dice la evidencia disponible

Acá es donde conviene ser particularmente cuidadosos con el lenguaje. El artículo original de Penn (1982) es de naturaleza teórico-clínica: describe y sistematiza la técnica a partir de la observación clínica del equipo de Milán, sin un diseño de investigación empírica ni datos cuantitativos de eficacia.

El estudio de Diorinou y Tseliou (2012) aporta un análisis de discurso de una sesión real de terapia familiar, mostrando en detalle cómo se despliegan las preguntas circulares en la interacción y su papel en la co-construcción de significados entre terapeuta y familia. Sin embargo, se trata de un estudio de caso único (una sola sesión), con metodología cualitativa, lo que limita fuertemente cualquier generalización y no permite extraer conclusiones sobre resultados terapéuticos.

Las entradas de Kennedy et al. (2019) y Gonzalez (2019) en la Encyclopedia of Couple and Family Therapy funcionan como material de síntesis conceptual: ordenan el origen, los principios y la aplicación clínica de la técnica, pero son fuentes de referencia descriptivas, no investigaciones primarias con datos propios. Lo mismo ocurre con el capítulo de Hedges (2005) y con la guía práctica de 2002: ambos son materiales didácticos de gran utilidad clínica, pero no aportan evidencia experimental controlada sobre eficacia.

En síntesis: existe un cuerpo consistente de literatura teórico-clínica y descriptiva que fundamenta el “cómo” y el “por qué” de las preguntas circulares, y al menos un estudio cualitativo que documenta su funcionamiento en una sesión real. Lo que no existe, dentro de las fuentes disponibles, es evidencia de ensayos controlados que midan su eficacia en términos de resultados clínicos (reducción de síntomas, mejora del funcionamiento familiar, etc.) de manera aislada respecto de otros componentes del modelo sistémico.

Errores comunes a evitar

Conclusiones

Las preguntas circulares siguen siendo una herramienta central del repertorio sistémico, con un andamiaje teórico sólido construido desde los años ochenta y refinado en guías clínicas posteriores. Su lógica —hipotetización, circularidad y neutralidad— ofrece un marco coherente para explorar patrones relacionales sin caer en explicaciones lineales simplistas.

Dicho esto, es importante comunicar con honestidad a colegas y, si corresponde, en contextos de formación o supervisión, que la evidencia disponible sobre esta técnica es mayoritariamente teórica y descriptiva, con apenas un estudio cualitativo de caso único documentando su funcionamiento en sesión real. Esto no invalida su utilidad clínica, pero sí exige prudencia al momento de presentarla como una intervención con eficacia demostrada en términos de resultados de tratamiento.

Preguntas frecuentes

¿Las preguntas circulares reemplazan otras técnicas de entrevista?

No. Funcionan como un componente dentro del modelo sistémico de Milán, en conjunto con la hipotetización y la neutralidad terapéutica. No están pensadas como técnica aislada ni como sustituto de una formulación de caso completa.

¿Se pueden usar en terapia individual?

Sí, con adaptaciones. Hedges (2005) describe un protocolo específico donde el paciente responde desde la perspectiva de otros miembros significativos de su red vincular, manteniendo la lógica relacional del método.

¿Existe evidencia de ensayos clínicos controlados sobre su eficacia?

No, dentro de la literatura disponible revisada. Las fuentes existentes son de carácter teórico-clínico, descriptivo o cualitativo (estudio de caso único), por lo que no hay datos de ensayos controlados que midan resultados de tratamiento asociados específicamente a esta técnica.

¿Qué cuidado ético hay que tener al aplicarlas?

Sostener la neutralidad terapéutica es central: evitar que las preguntas generen o profundicen alianzas no deseadas entre el terapeuta y alguno de los miembros del sistema, y estar atento al impacto emocional que ciertas preguntas de comparación o coalición pueden tener en la sala.

Referencias

  1. Penn, P. (1982). Circular questioning. Family Process. https://doi.org/10.1111/j.1545-5300.1982.00267.x
  2. Diorinou, M., & Tseliou, E. (2012). Studying Circular Questioning “In Situ”: Discourse Analysis of A First Systemic Family Therapy Session. Journal of Marital and Family Therapy. https://doi.org/10.1111/jmft.12005
  3. Kennedy, K., Szarzynski, A., & Bautista, I. (2019). Circular Questioning in Milan Systemic Therapy. En Encyclopedia of Couple and Family Therapy. https://doi.org/10.1007/978-3-319-49425-8_1144
  4. Gonzalez, C. J. (2019). Circular Questioning in Couple and Family Therapy. En Encyclopedia of Couple and Family Therapy. https://doi.org/10.1007/978-3-319-49425-8_314
  5. Hedges, F. (2005). Circular Questioning. En An Introduction to Systemic Therapy with Individuals. https://doi.org/10.1007/978-0-230-80229-2_6
  6. Interviewing I: Circular questioning as a unique method on the verbal level for testing hypotheses and introducing systemic perspectives for both family and therapist (2002). En Family Therapy. https://doi.org/10.4324/9780203404379-13