Todo proceso diagnóstico es, en el fondo, un proceso de razonamiento bajo incertidumbre. Formulamos hipótesis con información incompleta, bajo presión de tiempo y, muchas veces, con la expectativa implícita de llegar a una conclusión operativa antes de terminar la primera entrevista. En ese contexto, el pensamiento clínico no funciona como un algoritmo neutral: está atravesado por heurísticos, es decir, atajos mentales que simplifican la toma de decisiones y que, aunque suelen ser útiles, también pueden derivar en errores sistemáticos conocidos como sesgos cognitivos.
La literatura sobre razonamiento médico y clínico viene señalando desde hace tiempo que estos sesgos no son fallas ocasionales de profesionales poco entrenados, sino patrones que afectan a cualquier clínico, independientemente de su experiencia (Whelehan, Conlon y Ridgway, 2020). En salud mental, donde el diagnóstico depende en gran medida del juicio clínico y no de un marcador biológico objetivable, esta vulnerabilidad se vuelve particularmente relevante.
En este artículo repasamos tres sesgos especialmente influyentes en la formulación clínica —anclaje, disponibilidad y confirmación— y sintetizamos qué estrategias de-biasing cuentan con algún respaldo en la bibliografía disponible, sin perder de vista las limitaciones metodológicas de esa evidencia.
Qué son los sesgos cognitivos en la formulación clínica
Un sesgo cognitivo es una desviación sistemática del razonamiento lógico o probabilístico ideal, producto de heurísticos que el cerebro utiliza para procesar información de manera rápida y económica (Whelehan et al., 2020). En la formulación de caso, estos sesgos pueden aparecer en cualquier etapa: en la recolección de datos durante la entrevista, en la ponderación de síntomas, en la elección de hipótesis diagnósticas o en la decisión de derivar, ampliar la evaluación o cerrar el proceso.
Anclaje
El sesgo de anclaje ocurre cuando el clínico fija su juicio en la primera información relevante que recibe —un motivo de consulta, un diagnóstico previo, un comentario de otro profesional— y ajusta insuficientemente esa impresión inicial a medida que aparecen nuevos datos. En la práctica, esto puede traducirse en sostener una hipótesis diagnóstica formulada en los primeros minutos de la primera entrevista, incluso cuando el resto de la evaluación aporta información que la contradice o la matiza.
Disponibilidad
El sesgo de disponibilidad lleva a sobreestimar la probabilidad de un cuadro clínico en función de lo fácil que resulta recordar casos similares, ya sea por su frecuencia reciente en la propia práctica, por su relevancia mediática o por haber sido objeto de formación reciente. Harding (2004) señala que este tipo de sesgo puede influir de manera particular en la evaluación de discapacidad psiquiátrica, donde la disponibilidad de ciertos cuadros en la memoria del evaluador condiciona qué hipótesis se consideran plausibles desde el inicio.
Confirmación
El sesgo de confirmación, o myside bias, describe la tendencia a buscar, interpretar y recordar selectivamente la información que confirma una hipótesis ya sostenida, mientras se minimiza o descarta la evidencia contraria (Mercier, 2022). En la formulación clínica esto puede manifestarse como preguntas de entrevista orientadas a validar un diagnóstico presunto, o como una lectura de los resultados de un instrumento psicométrico que privilegia los ítems consistentes con la hipótesis inicial por sobre los que la cuestionan.
Por qué son especialmente relevantes en salud mental
A diferencia de otras especialidades donde existen pruebas objetivas que pueden contrastar una impresión clínica, la formulación diagnóstica en salud mental depende en gran medida del juicio del profesional, del relato del paciente y de la integración de observaciones cualitativas. Thornton (2013) describe este proceso como una forma de conocimiento tácito y de reconocimiento clínico, en el que el profesional experimentado identifica patrones sin necesariamente poder explicitar de manera completa el razonamiento que lo llevó a esa conclusión. Esta característica, valiosa en muchos sentidos, también deja más espacio para que los heurísticos operen sin ser detectados.
A esto se suma que buena parte de las decisiones clínicas se toman en un modo de procesamiento rápido y automático —lo que en la literatura se describe como pensamiento automático o intuitivo, de tipo 1— que resulta eficiente pero más susceptible a errores sistemáticos que el pensamiento deliberado y analítico (Iserson, 2024). Este trabajo, centrado en medicina de urgencias, plantea un punto trasladable a la clínica psicológica: cuanto mayor es la presión de tiempo o la carga de casos, mayor es la probabilidad de apoyarse en atajos heurísticos sin un chequeo reflexivo posterior.
Este fenómeno se vincula con debates más amplios sobre los límites del juicio clínico frente a herramientas más estructuradas, como se discute en predicción actuarial vs. juicio clínico en riesgo suicida, donde la sistematización de la información busca precisamente reducir la variabilidad introducida por los sesgos individuales.
Estrategias de-biasing con evidencia disponible
La bibliografía revisada no permite hablar de protocolos de-biasing con eficacia demostrada de manera robusta, pero sí identifica un conjunto de estrategias razonables, coherentes entre distintos autores, que pueden incorporarse a la práctica de formulación clínica:
- Metacognición explícita. Whelehan et al. (2020) destacan la importancia de que el clínico se pregunte activamente qué heurísticos podrían estar influyendo en su hipótesis diagnóstica actual, en lugar de asumir que su razonamiento es neutral.
- Formación específica sobre sesgos cognitivos. Bhatti (2018) propone incorporar la enseñanza de sesgos cognitivos y pensamiento crítico desde la formación de grado, como forma de instalar un “escepticismo saludable” frente a las primeras impresiones diagnósticas.
- Búsqueda deliberada de hipótesis alternativas. Frente al sesgo de confirmación, generar activamente al menos una hipótesis diagnóstica alternativa y buscar información que pueda refutarla —no solo confirmarla— ayuda a contrarrestar el myside bias descrito por Mercier (2022).
- Diferir el cierre diagnóstico. Postergar la conclusión hasta contar con información suficiente, en lugar de anclarse en la impresión de los primeros minutos de entrevista, es coherente con las recomendaciones generales sobre anclaje en la toma de decisiones médicas (Whelehan et al., 2020).
- Activar el pensamiento reflexivo en momentos de alta carga. Iserson (2024) sugiere que, en contextos de presión de tiempo, resulta útil incorporar pausas deliberadas de revisión analítica antes de decisiones de alto impacto, como cambios diagnósticos o de plan de tratamiento.
- Uso de instrumentos estructurados como contrapeso. La sistematización de la información mediante escalas, entrevistas semiestructuradas o análisis de patrones sintomáticos —como se describe en análisis de redes de síntomas para la formulación de caso— puede funcionar como un chequeo externo frente a hipótesis ancladas prematuramente.
Limitaciones de la evidencia actual
Es importante ser honestos respecto del estado de esta evidencia. Las fuentes disponibles son mayoritariamente revisiones narrativas o artículos de opinión y perspectiva, sin metodología sistemática ni evaluación cuantitativa de la eficacia de las estrategias de-biasing propuestas (Whelehan et al., 2020; Bhatti, 2018). El trabajo de Harding (2004) y el capítulo de Thornton (2013) son también de carácter teórico, centrados en analizar el fenómeno más que en probar intervenciones. Esto significa que, si bien existe consenso conceptual amplio sobre la existencia e impacto de estos sesgos, todavía falta evidencia experimental sólida —con diseños controlados y medidas objetivas de precisión diagnóstica— que permita afirmar con certeza qué estrategias de-biasing funcionan mejor y en qué condiciones.
Conclusiones
El anclaje, la disponibilidad y la confirmación no son fallas de carácter ni de falta de experiencia: son mecanismos cognitivos universales que atraviesan cualquier proceso de formulación clínica, incluso en profesionales expertos. Reconocer su existencia es el primer paso para mitigarlos; la formación específica, la metacognición activa, la búsqueda deliberada de hipótesis alternativas y la incorporación de instrumentos estructurados como contrapeso aparecen, en la literatura disponible, como las estrategias más consistentes, aunque todavía con respaldo empírico limitado. Integrar estas prácticas a la supervisión clínica y a la revisión periódica de casos puede ser un modo concreto de sostener una formulación diagnóstica más rigurosa, sin caer en la ilusión de que el juicio clínico está exento de sesgos.
Preguntas frecuentes
¿Los sesgos cognitivos afectan más a profesionales con menos experiencia?
No necesariamente. La bibliografía sugiere que estos sesgos son transversales y pueden afectar también a clínicos experimentados, en parte porque la experiencia genera patrones de reconocimiento rápido que, si bien suelen ser útiles, también facilitan el anclaje en hipótesis tempranas (Thornton, 2013; Whelehan et al., 2020).
¿Alcanza con “tener cuidado” para evitar el sesgo de confirmación?
La sola intención de ser objetivo no suele ser suficiente, porque el sesgo de confirmación opera de manera automática y en buena medida inconsciente (Mercier, 2022). Resulta más efectivo incorporar procedimientos concretos, como generar hipótesis alternativas por escrito o revisar el caso con un colega o supervisor.
¿Estas estrategias reemplazan la necesidad de instrumentos psicométricos o entrevistas estructuradas?
No las reemplazan; las complementan. Los instrumentos estructurados aportan un chequeo externo que reduce la dependencia exclusiva del juicio clínico intuitivo, pero su interpretación también puede verse afectada por los mismos sesgos si no se los utiliza con una actitud reflexiva.
Referencias
- Whelehan, D. F., Conlon, K. C., y Ridgway, P. F. (2020). Medicine and heuristics: cognitive biases and medical decision-making. Irish Journal of Medical Science. https://doi.org/10.1007/s11845-020-02235-1
- Bhatti, A. (2018). Cognitive bias in clinical practice – nurturing healthy skepticism among medical students. Advances in Medical Education and Practice. https://doi.org/10.2147/AMEP.S149558
- Harding, T. P. (2004). Psychiatric disability and clinical decision making: The impact of judgment error and bias. Clinical Psychology Review. https://doi.org/10.1016/j.cpr.2004.06.003
- Mercier, H. (2022). Confirmation bias – myside bias. En Cognitive Illusions. https://doi.org/10.4324/9781003154730-7
- Thornton, T. (2013). Clinical Judgment, Tacit Knowledge, and Recognition in Psychiatric Diagnosis. Oxford Handbooks Online. https://doi.org/10.1093/oxfordhb/9780199579563.013.0061
- Iserson, K. V. (2024). Reflexive control in emergency medicine. The American Journal of Emergency Medicine. https://doi.org/10.1016/j.ajem.2024.04.037