Trabajar con pacientes que atravesaron experiencias traumáticas deja huellas en quien acompaña ese proceso. Durante mucho tiempo, la literatura sobre bienestar profesional se centró casi exclusivamente en los costos de esa exposición: fatiga por compasión, trauma vicario, burnout. Pero existe otra cara de la misma moneda, menos estudiada pero igualmente real: la resiliencia vicaria, es decir, la posibilidad de que ese mismo trabajo genere aprendizajes, sentido y fortalecimiento personal en el terapeuta.
Este concepto no niega ni minimiza los riesgos del trabajo clínico con trauma. Tampoco implica que “todo lo que no mata, fortalece” ni que el sufrimiento del paciente sea una oportunidad de crecimiento para el profesional. Se trata de un fenómeno específico, documentado en la literatura cualitativa y, más recientemente, medido con instrumentos psicométricos, que conviene diferenciar con precisión del trauma vicario para evitar simplificaciones.
En este artículo revisamos qué es la resiliencia vicaria, cómo se distingue del trauma vicario, qué dice la evidencia disponible sobre los factores que la favorecen y qué estrategias concretas pueden implementarse en la práctica clínica y en los espacios de supervisión.
Qué es la resiliencia vicaria
La resiliencia vicaria se define como el proceso de transformación positiva que experimentan algunos terapeutas como resultado de su exposición al relato de superación, resiliencia y crecimiento de sus pacientes traumatizados. No es simplemente “sentirse bien” después de una sesión difícil: implica cambios más duraderos en la manera de ver la vida, las relaciones y el propio trabajo profesional.
Edelkott y colaboradores (2016) señalan que este fenómeno presenta variaciones individuales importantes: no todos los terapeutas lo experimentan del mismo modo, ni con la misma intensidad, ni a partir de los mismos elementos del proceso terapéutico. Para algunos, el motor es presenciar cómo un paciente reconstruye su vida después de una experiencia devastadora; para otros, es el propio ejercicio de acompañar ese proceso lo que resignifica su práctica profesional.
Resiliencia vicaria vs. trauma vicario: diferencias clave
Ambos conceptos comparten el mismo origen: la exposición reiterada al material traumático de los pacientes. Lo que difiere es el tipo de impacto y, en parte, los mecanismos que lo producen.
Trauma vicario
La revisión meta-etnográfica de McNeillie y Rose (2021) sintetiza la experiencia cualitativa del trauma vicario en terapeutas: cambios negativos en las creencias sobre el mundo, la seguridad y las relaciones, síntomas intrusivos relacionados con el material clínico del paciente, evitación, y una sensación de saturación emocional que puede afectar tanto la vida personal como la práctica profesional. Este proceso está bien descripto en nuestro artículo sobre fatiga por compasión y trauma vicario, incluyendo herramientas de evaluación como la escala ProQOL.
Resiliencia vicaria
La resiliencia vicaria, en cambio, describe cambios positivos: mayor sentido de propósito profesional, revalorización de los propios recursos y vínculos, expansión de la perspectiva vital y fortalecimiento de la fe en la capacidad humana de recuperación. Tsesmelis Piccolino (2022) profundiza en un aspecto central de este proceso: la búsqueda de sentido como puente entre la experiencia del paciente y la transformación del clínico. Según esta perspectiva, no es el contenido traumático en sí lo que genera resiliencia, sino la elaboración reflexiva que el terapeuta hace de ese contenido y de los procesos de recuperación que presencia.
¿Son mutuamente excluyentes?
No. Uno de los aportes más importantes de la literatura reciente es que trauma vicario y resiliencia vicaria pueden coexistir en el mismo profesional, incluso frente al mismo caso. Bhagwagar (2022) revisa evidencia que ubica ambos procesos como parte de un continuo de respuestas posibles ante la exposición al trauma ajeno, moduladas por factores de riesgo y factores protectores que pueden estar presentes simultáneamente.
Qué dice la evidencia disponible
La investigación sobre resiliencia vicaria es todavía incipiente en comparación con la de trauma vicario o burnout, y predominan los diseños cualitativos y de revisión conceptual. Aun así, hay algunos hallazgos consistentes que vale la pena señalar.
- Contextos de crisis colectiva: el estudio de Aafjes-van Doorn et al. (2022), realizado durante la pandemia de COVID-19, encontró que un subgrupo de terapeutas reportó resiliencia y crecimiento postraumático asociados a factores como el apoyo percibido, la flexibilidad para adaptar el encuadre y el sentido de utilidad profesional en un momento de alta demanda social.
- Factores protectores transversales: la revisión de Bhagwagar (2022) identifica variables como el apoyo organizacional, la supervisión de calidad, el equilibrio entre carga laboral y recursos personales, y el sentido de autoeficacia profesional como elementos que se asocian tanto a menor riesgo de trauma vicario como a mayor probabilidad de resiliencia vicaria.
- Medición del constructo: Topçu et al. (2025) validaron la Escala de Resiliencia Vicaria en población turca, lo que aporta una herramienta psicométrica que empieza a permitir estudios cuantitativos más robustos sobre el fenómeno, superando la dependencia casi exclusiva de datos cualitativos.
Factores que favorecen la resiliencia vicaria
A partir de la evidencia disponible, pueden identificarse algunos elementos que parecen facilitar este proceso:
- Un marco teórico y de sentido que sostenga la práctica clínica frente al contenido traumático.
- La posibilidad de presenciar procesos de recuperación en los pacientes, no solo su sufrimiento inicial.
- Espacios de reflexión y elaboración sobre la propia experiencia como terapeuta, más allá de la supervisión técnica.
- Redes de apoyo entre colegas que validen tanto el desgaste como los aprendizajes obtenidos.
- Condiciones laborales sostenibles que no saturen la capacidad de procesamiento emocional.
Estrategias para cultivarla en la práctica clínica
Ninguna de estas estrategias garantiza resiliencia vicaria de manera automática, pero la evidencia y la práctica clínica sugieren que pueden crear condiciones más favorables:
- Supervisión centrada también en fortalezas: además de revisar dificultades técnicas, dedicar tiempo a identificar qué se aprendió del proceso de recuperación de cada paciente.
- Espacios de intervisión entre pares: compartir con colegas no solo casos difíciles sino también experiencias de transformación positiva vinculadas al trabajo con trauma. Nuestro artículo sobre grupos de intervisión clínica entre pares desarrolla cómo estructurar estos espacios.
- Registro reflexivo: llevar un diario clínico breve donde, además de las dificultades, se anoten momentos significativos de sentido o aprendizaje profesional.
- Cuidado de los límites y la carga de trabajo: la resiliencia vicaria no sustituye la necesidad de un caseload sostenible ni de límites claros en la disponibilidad horaria.
- Terapia personal cuando sea necesario: revisar el propio proceso, especialmente cuando el trabajo con trauma toca fibras personales, tal como se describe en nuestro artículo sobre terapia personal del terapeuta.
- Atención a las respuestas corporales: reconocer señales de hipo o hiperactivación durante las sesiones, un aspecto abordado en el artículo sobre disociación somática del terapeuta.
Limitaciones de la evidencia actual
Es importante sostener una mirada crítica frente a este cuerpo de investigación. La mayoría de los estudios disponibles son de tipo cualitativo o conceptual, lo que aporta riqueza descriptiva pero no permite establecer relaciones causales ni magnitudes de efecto generalizables. Los estudios cuantitativos existentes, como el de validación de la escala turca, están circunscritos a poblaciones y contextos culturales específicos, y el estudio sobre resiliencia durante la pandemia refleja un contexto excepcional que puede no generalizarse a la práctica clínica habitual. En conjunto, esto sugiere que la resiliencia vicaria es un fenómeno real y documentado, pero cuya comprensión todavía está en construcción.
Conclusiones
La resiliencia vicaria ofrece un contrapeso necesario a la mirada exclusivamente centrada en el desgaste que produce el trabajo con trauma. No implica que sufrir menos o crecer más dependa solo de la actitud individual del terapeuta, ni reemplaza la necesidad de cuidar las condiciones laborales, la supervisión y los límites profesionales. Se trata, más bien, de un proceso que puede coexistir con el trauma vicario y que parece favorecerse cuando el profesional cuenta con espacios de sentido, apoyo entre pares y una carga de trabajo sostenible. Incorporar esta perspectiva en la formación y en los espacios de supervisión puede ayudar a construir una mirada más completa y realista sobre el bienestar profesional en quienes trabajan con trauma.
Preguntas frecuentes
¿La resiliencia vicaria elimina el riesgo de trauma vicario o burnout?
No. La evidencia sugiere que ambos procesos pueden coexistir en el mismo profesional. Experimentar crecimiento a partir del trabajo con trauma no protege automáticamente contra el desgaste ni sustituye estrategias de autocuidado y límites laborales.
¿Se puede medir la resiliencia vicaria de forma objetiva?
Existen avances recientes en este sentido, como la validación de la Escala de Resiliencia Vicaria en población turca (Topçu et al., 2025), aunque su uso en otros contextos culturales, incluido el hispanohablante, todavía requiere más estudios de adaptación y validación.
¿Cualquier terapeuta puede desarrollarla o depende de rasgos personales?
La literatura señala variaciones individuales importantes: factores como el marco de sentido personal, el estilo de procesamiento emocional y las condiciones laborales influyen en la probabilidad y la forma en que se manifiesta este proceso, por lo que no puede considerarse un resultado garantizado ni uniforme.
Referencias
- Edelkott, N., Engstrom, D. W., Hernandez-Wolfe, P., & Gangsei, D. (2016). Vicarious resilience: Complexities and variations. American Journal of Orthopsychiatry. https://doi.org/10.1037/ort0000180
- McNeillie, N., & Rose, J. (2021). Vicarious trauma in therapists: a meta-ethnographic review. Behavioural and Cognitive Psychotherapy. https://doi.org/10.1017/S1352465820000776
- Tsesmelis Piccolino, S. (2022). Vicarious resilience: traversing the path from client to clinician through a search for meaning. Social Work in Health Care. https://doi.org/10.1080/00981389.2022.2134274
- Bhagwagar, H. (2022). Secondary trauma, burnout and resilience among mental health professionals from India: A review of research. Asian Journal of Psychiatry. https://doi.org/10.1016/j.ajp.2022.103227
- Aafjes-van Doorn, K., Békés, V., Luo, X., Prout, T. A., & Hoffman, L. (2022). Therapists’ resilience and posttraumatic growth during the COVID-19 pandemic. Psychological Trauma: Theory, Research, Practice, and Policy. https://doi.org/10.1037/tra0001097
- Topçu, F., Boz, C., Şeneldir-Patolo, A., Kitapçıoğlu, S., Işıker-Bedir, D., & Sanyar, S. (2025). Adaptation of the Vicarious Resilience Scale to Turkish: A validity and reliability study. Psychological Trauma: Theory, Research, Practice, and Policy. https://doi.org/10.1037/tra0001878