La sesión de devolución suele quedar reducida, en la práctica cotidiana, a la lectura de un informe cargado de jerga técnica. El profesional expone diagnósticos, puntajes y clasificaciones; el paciente escucha, asiente y se va con más preguntas que certezas. El modelo de Evaluación Terapéutica (Therapeutic Assessment, TA), desarrollado originalmente por Stephen Finn y Mary Tonsager, propone una alternativa: pensar la devolución no como el cierre administrativo de un proceso de testing, sino como una intervención clínica con potencial terapéutico propio.

Esta perspectiva tiene implicancias directas para cualquier psicólogo que realice evaluaciones psicométricas, neuropsicológicas o de personalidad, incluso fuera del encuadre específico de la TA como sistema completo. Entender sus principios permite mejorar la forma en que comunicamos resultados, sin necesidad de adoptar todo el protocolo original.

En este artículo repasamos qué plantea el modelo, qué evidencia respalda la idea de que la devolución puede tener efectos terapéuticos, y qué limitaciones tiene esa evidencia para no sobreinterpretar sus alcances.

¿Qué es el modelo de Evaluación Terapéutica?

La TA surge como contraposición al modelo tradicional de evaluación, centrado casi exclusivamente en la recolección de información para responder a una pregunta de derivación (¿hay patología?, ¿qué diagnóstico corresponde?, ¿es apto para determinado tratamiento?). Finn y Tonsager (1997) describieron ambos paradigmas —el de recolección de información y el terapéutico— como complementarios más que opuestos: el segundo no descarta el rigor psicométrico del primero, sino que agrega una dimensión colaborativa donde el paciente participa activamente en la construcción de sentido de sus propios resultados.

Con el tiempo, este enfoque fue incorporando una impronta explícitamente humanista: la evaluación deja de ser algo que el profesional “hace sobre” el paciente y se convierte en un proceso conjunto de exploración, donde las preguntas iniciales del propio consultante orientan qué instrumentos usar y cómo devolver los hallazgos (Finn & Tonsager, 2002).

La devolución como intervención en sí misma

El antecedente empírico más citado del modelo es un estudio con estudiantes universitarios en lista de espera para terapia, a quienes se les administró el MMPI-2 y luego se les brindó una devolución siguiendo los principios de la TA. Los resultados mostraron que quienes recibieron esa retroalimentación presentaron reducción de síntomas y aumento de autoestima y esperanza, en comparación con un grupo control que no recibió devolución (Finn & Tonsager, 1992). Es decir: el simple acto de comunicar resultados de manera colaborativa y personalizada tuvo un efecto medible, sin que mediara un tratamiento posterior.

Es importante matizar el alcance de este hallazgo. La muestra estaba compuesta por estudiantes universitarios en lista de espera, no por población clínica con cuadros graves, y el seguimiento fue a corto plazo. Esto limita cuánto se puede generalizar el efecto a contextos de mayor severidad clínica o a plazos más largos. Un documento posterior de los mismos autores exploró la pregunta de si la retroalimentación de test puede ser terapéutica de manera más conceptual, sentando las bases teóricas del modelo, aunque se trata de un material de difusión sin metodología empírica detallada disponible (Finn & Tonsager, 1992b).

Principios para estructurar la sesión de devolución

Más allá del protocolo completo de la TA —que incluye entrevistas iniciales de preguntas del cliente, sesiones de evaluación extendida y, a veces, cartas terapéuticas—, hay principios que pueden incorporarse a cualquier devolución de resultados:

Partir de las preguntas del paciente, no solo de la derivación

Antes de administrar los instrumentos, resulta útil indagar qué quiere saber la persona sobre sí misma. Esa pregunta personal, distinta de la pregunta clínica formal, es la que va a dar sentido a la devolución desde el punto de vista del paciente.

Organizar la información de lo más aceptable a lo más desafiante

Una práctica habitual dentro del modelo es secuenciar la comunicación de resultados comenzando por hallazgos que el paciente probablemente reconozca y valide con facilidad, para ir avanzando gradualmente hacia información más discrepante con su autopercepción. Este ordenamiento busca sostener la alianza y evitar reacciones defensivas abruptas.

Chequear constantemente la resonancia emocional

En lugar de exponer los resultados de manera unidireccional, el profesional invita al paciente a comentar qué le genera cada hallazgo: si lo reconoce, si le sorprende, si lo rechaza. Esta co-construcción de significado es lo que distingue a la devolución terapéutica de la simple lectura de un informe. Este principio se enlaza con lógicas de retroalimentación continua que también aparecen en otros modelos centrados en la alianza, como los sistemas de feedback informado por el cliente (FIT), donde la voz del paciente sobre su propio proceso ocupa un lugar central.

Usar lenguaje accesible y metáforas compartidas

Evitar terminología psicométrica cruda (percentiles, desviaciones estándar, nombres de escalas) y traducir los hallazgos a un lenguaje que el paciente pueda apropiarse, idealmente construido junto con él durante la propia sesión.

Aplicaciones en poblaciones clínicas complejas

El modelo también fue adaptado para trabajar con pacientes con trastornos de personalidad, población en la que la comunicación de resultados requiere especial cuidado por la sensibilidad a la crítica, la desregulación emocional o los patrones de apego inseguro que pueden activarse durante la devolución. Un capítulo reciente describe estrategias específicas para estos casos, enfatizando la necesidad de mayor gradualidad y de un vínculo sostenido antes de compartir hallazgos potencialmente confrontativos (Finn, Kamphuis & Finn, 2026). Se trata, sin embargo, de un capítulo de libro especializado, sin metodología empírica detallada disponible públicamente, por lo que sus recomendaciones deben tomarse como orientaciones clínicas más que como conclusiones basadas en datos cuantitativos robustos.

Limitaciones de la evidencia disponible

Antes de trasladar estos principios de manera acrítica a la práctica, conviene tener presente el estado real de la evidencia:

Esto no invalida la utilidad clínica del enfoque, pero sí sugiere que sus principios deben aplicarse como orientaciones razonables y coherentes con buenas prácticas de comunicación clínica, más que como procedimientos validados con el mismo nivel de evidencia que, por ejemplo, un protocolo de tratamiento manualizado.

Conclusiones

El modelo de Evaluación Terapéutica ofrece un marco valioso para repensar la sesión de devolución: no como un mero trámite informativo, sino como una oportunidad de intervención colaborativa que puede fortalecer la alianza y, según cierta evidencia preliminar, incidir positivamente en el bienestar del paciente. Incorporar principios como partir de las preguntas del propio consultante, secuenciar la información de lo más aceptable a lo más desafiante y chequear permanentemente la resonancia emocional son prácticas accesibles para cualquier profesional que realice evaluaciones, independientemente de si adopta el protocolo completo de la TA.

Al mismo tiempo, es necesario sostener una mirada crítica sobre el volumen y la calidad de la evidencia disponible, que combina un estudio empírico con limitaciones metodológicas relevantes junto con desarrollos teóricos y clínicos que todavía requieren mayor sustento empírico. Aplicar estos principios con criterio clínico, y no como recetas cerradas, sigue siendo la mejor forma de honrar tanto el rigor profesional como el respeto por la experiencia subjetiva de quien consulta.

Preguntas frecuentes

¿El modelo de Evaluación Terapéutica reemplaza a la evaluación psicométrica tradicional?

No. Finn y Tonsager (1997) lo plantean como complementario: se mantiene el rigor en la administración e interpretación de instrumentos, pero se agrega una dimensión colaborativa en cómo se comunican y co-construyen los resultados con el paciente.

¿Se puede aplicar en evaluaciones breves o de screening administrativo?

Los principios de lenguaje accesible, chequeo emocional y secuenciación cuidadosa de la información pueden adaptarse incluso a devoluciones breves, aunque el protocolo completo de la TA (con entrevistas extendidas y sesiones adicionales) suele requerir más tiempo del disponible en evaluaciones acotadas por demanda institucional.

¿Qué hacer si el paciente rechaza o discute un resultado durante la devolución?

El modelo sugiere tomar esa discrepancia como información clínicamente relevante en sí misma, explorándola junto con el paciente en lugar de imponer la interpretación del profesional, lo cual es coherente con la lógica de co-construcción de significado propia de este enfoque.

Referencias

  1. Finn, S. E., & Tonsager, M. E. (1992). Therapeutic effects of providing MMPI-2 test feedback to college students awaiting therapy. Psychological Assessment, 4(3), 278-287. https://doi.org/10.1037/1040-3590.4.3.278
  2. Finn, S. E., & Tonsager, M. E. (1997). Information-gathering and therapeutic models of assessment: Complementary paradigms. Psychological Assessment, 9(4), 374-385. https://doi.org/10.1037/1040-3590.9.4.374
  3. Finn, S. E., & Tonsager, M. E. (1992). Can test feedback be therapeutic? PsycEXTRA Dataset. https://doi.org/10.1037/e325732004-006
  4. Finn, S. E., & Tonsager, M. E. (2002). How Therapeutic Assessment became humanistic. The Humanistic Psychologist, 30(1-2), 10-22. https://doi.org/10.1080/08873267.2002.9977019
  5. Finn, S. E., Kamphuis, J. H., & Finn, S. E. (2026). Therapeutic Assessment in Personality Disorders. En Therapeutic Assessment and Interpersonal Neurobiology. https://doi.org/10.4324/9781003602231-9