Trabajar con pacientes traumatizados no deja indemne al terapeuta. Más allá del desgaste acumulado que suele asociarse a la fatiga por compasión, existe un fenómeno más sutil y menos hablado: la posibilidad de que el propio terapeuta experimente, en tiempo real, respuestas de hipoactivación o incluso microepisodios disociativos mientras escucha relatos de trauma. Sentir que “la mente se va”, que el cuerpo se entorpece, que cuesta encontrar palabras o que la sesión se percibe como lejana no es infrecuente, aunque rara vez se menciona en la formación clínica.

Este artículo aborda ese fenómeno desde una perspectiva profesional: qué se entiende por disociación somática del terapeuta, por qué ocurre en el contexto del trabajo con trauma, y qué estrategias pueden ayudar a reconocerla y regularla sin interrumpir el proceso terapéutico ni desatender al paciente.

Es un tema que conecta directamente con el trauma vicario y la fatiga por compasión, pero se distingue de ellos porque no habla de un desgaste acumulado a lo largo del tiempo, sino de una respuesta psicofisiológica que ocurre dentro de la sesión misma, en el aquí y ahora del encuentro clínico.

¿Qué es la disociación somática en el terapeuta?

La disociación somática se refiere a una desconexión parcial entre la experiencia corporal y la conciencia. En el terapeuta que trabaja con trauma, esto puede manifestarse como una sensación de embotamiento, lentificación de la percepción, desconexión de las sensaciones corporales propias, dificultad para procesar lo que el paciente relata, o una sensación de “estar y no estar” en la sala.

Piedfort-Marin (2019a) describe cómo el terapeuta puede experimentar respuestas traumáticas propias —incluyendo reacciones somáticas y disociativas— al trabajar con material clínico intenso, y plantea implicaciones concretas para su manejo durante la sesión. Este fenómeno no equivale a estar distraído o cansado: se trata de una respuesta neurofisiológica de protección, análoga a la que puede presentar un paciente frente a un estímulo abrumador.

Hipoactivación: la otra cara de la activación

Mientras que la hiperactivación (taquicardia, tensión muscular, alerta excesiva) suele ser más reconocible, la hipoactivación es más difícil de detectar porque se parece a la calma o al aburrimiento. El terapeuta puede notar:

Estos indicadores no son un fallo profesional en sí mismos: son señales fisiológicas que, bien reconocidas, pueden convertirse en información clínica valiosa.

Por qué ocurre este fenómeno en sesión

Piedfort-Marin (2019b) plantea que las propias experiencias traumáticas del terapeuta —vividas o no de forma consciente como tales— pueden reactivarse frente al material del paciente, generando respuestas contratransferenciales que incluyen fenómenos disociativos. Es decir, no se trata únicamente de “empatizar demasiado”, sino de un proceso donde el sistema nervioso del terapeuta responde al relato traumático como si tuviera algún grado de relevancia para su propia historia o para su capacidad de tolerancia emocional en ese momento.

Dalenberg (2000) enmarca este proceso dentro del concepto más amplio de contratransferencia relacionada con trauma, señalando que las respuestas corporales y disociativas del terapeuta forman parte del proceso de resolución del trauma del paciente, y no un elemento externo a la terapia. En otras palabras: lo que ocurre en el cuerpo del terapeuta también es dato clínico.

En pacientes con historia disociativa severa o con conductas de riesgo continuo, Dalenberg (2001) describe además cómo ciertas provocaciones o dinámicas relacionales pueden intensificar estas respuestas, generando en el terapeuta reacciones de desconexión que funcionan, paradójicamente, como un espejo de lo que el paciente mismo experimenta.

Contextos donde es más probable que aparezca

Estrategias de autorregulación en tiempo real

El objetivo no es eliminar por completo estas respuestas —algo poco realista dada su naturaleza fisiológica— sino aprender a reconocerlas rápidamente y contar con recursos que permitan recuperar la presencia clínica sin quebrar el proceso terapéutico ni exponer al paciente a una interrupción abrupta.

1. Desarrollar un mapa personal de señales tempranas

Cada terapeuta tiene patrones propios de hipoactivación. Puede ser útil llevar, fuera de sesión, un registro breve de qué sensaciones corporales aparecen en los momentos en que se nota desconexión: ¿se enfría la mirada?, ¿se pierde el contacto con los pies en el piso?, ¿se vuelve monótona la voz interna? Reconocer el propio patrón acelera la detección en sesión.

2. Anclajes corporales discretos

Pequeños movimientos que no interrumpen la escucha pero reactivan la propiocepción: apoyar conscientemente los pies en el piso, notar el contacto de las manos entre sí o con el apoyabrazos, ajustar levemente la postura, tomar una respiración algo más profunda sin que resulte visible como un gesto disruptivo.

3. Orientación breve al espacio presente

Un recurso simple es realizar, de forma interna y sin verbalizar, un barrido rápido de los sentidos: notar un color del consultorio, un sonido ambiente, la temperatura de la sala. Esto ayuda a recuperar el anclaje en el aquí y ahora sin desatender la palabra del paciente.

4. Uso clínico consciente de la propia respuesta

Gerge (2024) propone, a partir de la técnica Deep Brain Reorienting, que los terapeutas de trauma pueden aprender a identificar y transformar sus propias reacciones contratransferenciales —incluida la hipoactivación somática— utilizándolas como información sobre el proceso relacional en curso, en lugar de vivirlas únicamente como una interferencia a eliminar. Esto no implica improvisar intervenciones sobre el propio estado durante la sesión, sino registrar la experiencia para trabajarla luego en supervisión o en el propio proceso terapéutico personal.

5. Pausas breves entre sesiones

Cuando la agenda lo permite, unos minutos entre pacientes para “volver al cuerpo” —estirar, caminar, tomar agua conscientemente— reducen la probabilidad de que la hipoactivación de una sesión se traslade a la siguiente.

Cuándo llevarlo a supervisión

Si estos episodios se repiten con frecuencia, se intensifican, o el terapeuta nota que le cuesta cada vez más recuperar la presencia dentro de la misma sesión, es momento de trabajarlo en supervisión clínica o en terapia personal. La disociación somática recurrente puede ser indicio de trauma vicario en desarrollo, de historia personal no resuelta reactivada por el trabajo clínico, o de sobrecarga que requiere ajustes en la organización de la agenda y el tipo de casos que se sostienen simultáneamente.

Conclusiones

La hipoactivación y los microepisodios disociativos del terapeuta frente a pacientes traumatizados son fenómenos reales, descritos en la literatura clínica sobre contratransferencia relacionada con trauma. No constituyen un error profesional, sino una respuesta neurofisiológica que puede volverse un recurso clínico si se aprende a reconocerla a tiempo. Desarrollar un mapa personal de señales, contar con anclajes corporales discretos y sostener espacios de supervisión son herramientas centrales para seguir presente en la sesión sin desatender el propio bienestar. Este tipo de autocuidado en tiempo real complementa —y no sustituye— el trabajo más amplio sobre prevención del desgaste profesional a largo plazo.

Preguntas frecuentes

¿La disociación somática del terapeuta es lo mismo que la fatiga por compasión?

No exactamente. La fatiga por compasión es un proceso acumulativo a lo largo del tiempo, mientras que la disociación somática en sesión es una respuesta puntual, en tiempo real, frente a un contenido clínico específico. Sin embargo, ambos fenómenos pueden estar relacionados y potenciarse entre sí.

¿Es necesario contárselo al paciente cuando ocurre?

No necesariamente. Lo prioritario es que el terapeuta recupere su presencia clínica mediante estrategias discretas. La decisión de compartir algo con el paciente, si corresponde, debe evaluarse caso por caso y suele trabajarse mejor en supervisión que resolverse de forma improvisada en el momento.

¿Qué diferencia hay entre esto y el simple cansancio?

El cansancio suele ser más generalizado y no específico de determinados contenidos clínicos. La hipoactivación disociativa, en cambio, tiende a aparecer de forma más marcada frente a relatos traumáticos particulares y puede coexistir incluso con buen descanso previo.

Referencias

  1. Piedfort-Marin, O. (2019). Trauma and the therapist. European Journal of Trauma & Dissociation. https://doi.org/10.1016/j.ejtd.2019.07.002
  2. Piedfort-Marin, O. (2019). When the therapist’s traumas emerge in a psychotherapy session: The use of trauma-related countertransference. European Journal of Trauma & Dissociation. https://doi.org/10.1016/j.ejtd.2019.05.003
  3. Gerge, A. (2024). In-depth consultation: Deep brain reorienting (DBR) as a potential tool for transforming countertransference reactions in trauma therapists. European Journal of Trauma & Dissociation. https://doi.org/10.1016/j.ejtd.2024.100442
  4. Dalenberg, C. J. (2000). Countertransference and trauma resolution. En Countertransference and the treatment of trauma. https://doi.org/10.1037/10380-009
  5. Dalenberg, C. (2001). Dissociation in the context of continuing risk: Patient provocations and countertransference responses on the part of the therapist. PsycEXTRA Dataset. https://doi.org/10.1037/e609242012-150
  6. Phillips, S. B. (2004). Group interventions for treatment of psychological trauma: Module 7: Countertransference: Effects on the group therapist working with trauma. PsycEXTRA Dataset. https://doi.org/10.1037/e527912012-001