Para quienes trabajamos con trauma complejo, la disociación en sesión es un fenómeno con el que hay que aprender a moverse con precisión clínica. No se trata de un episodio anecdótico, sino de una respuesta neurofisiológica que, cuando aparece sin que el profesional cuente con un protocolo claro, puede interrumpir el proceso terapéutico o incluso reforzar en el paciente la sensación de descontrol.

El modelo de la ventana de tolerancia ofrece un marco conceptual útil para entender por qué ocurre la disociación y, sobre todo, para diseñar intervenciones de grounding (o anclaje) que ayuden al paciente a permanecer dentro de un rango de activación fisiológica manejable durante la sesión. Este artículo propone un protocolo clínico práctico, organizado en pasos concretos, basado en la literatura disponible sobre desregulación autonómica y técnicas de grounding.

Es importante aclarar desde el inicio que la evidencia en este campo es todavía mayormente conceptual y de revisión teórica, con pocos estudios que evalúen de forma controlada la eficacia específica de las técnicas de grounding sobre la disociación clínica. Esto no invalida su uso en la práctica, pero exige transparencia sobre los límites de lo que efectivamente sabemos.

¿Qué es la ventana de tolerancia?

El concepto de ventana de tolerancia describe el rango de activación autonómica dentro del cual una persona puede procesar información emocional sin desregularse. Corrigan, Fisher y Nutt (2011) propusieron y fundamentaron neurobiológicamente este modelo para explicar la desregulación autonómica en el trauma emocional complejo, vinculando los estados de hiperactivación e hipoactivación con la aparición de disociación.

Hiperactivación e hipoactivación

Cuando el paciente sale de la ventana por arriba (hiperactivación), suele observarse taquicardia, hipervigilancia, agitación motora, discurso acelerado o afecto desbordado. Cuando sale por abajo (hipoactivación), aparecen los signos más característicos de la disociación: enlentecimiento motor, mirada perdida, aplanamiento afectivo, sensación de irrealidad o desconexión corporal. Ambos extremos comparten un rasgo común: el sistema nervioso autónomo pierde flexibilidad regulatoria y la capacidad de procesamiento cognitivo-emocional se reduce significativamente.

La disociación como salida de la ventana

González (2018) señala, desde su experiencia clínica en trauma complejo, la necesidad de adaptar los procedimientos terapéuticos —incluidas las estrategias de estabilización— cuando el paciente presenta disociación, priorizando siempre la seguridad antes que el avance en el contenido traumático. Este principio es central para cualquier protocolo de grounding: la intervención no busca “avanzar” en la sesión a toda costa, sino restablecer primero la capacidad de procesamiento del paciente.

Este enfoque se conecta con lo que ya trabajamos en la disociación somática del propio terapeuta ante pacientes traumatizados: el manejo de la disociación en sesión no depende solo de intervenir sobre el paciente, sino también de que el profesional pueda monitorear su propia regulación para intervenir con eficacia.

Grounding: hacia una definición operacional

Uno de los problemas históricos del grounding como técnica es la falta de consenso sobre qué incluye exactamente. Hammond y Brown (2026) desarrollaron una definición operacional del concepto, sistematizando sus componentes y aplicaciones clínicas, lo cual resulta fundamental para poder estandarizar protocolos como el que proponemos en este artículo.

Componentes del grounding según la evidencia disponible

Protocolo clínico paso a paso en sesión

A continuación se propone una secuencia de intervención que integra los elementos anteriores dentro del marco de la ventana de tolerancia.

1. Detección temprana de señales

El primer paso es siempre observacional. Antes de intervenir, el terapeuta necesita reconocer los indicadores tempranos de que el paciente está saliendo de su ventana de tolerancia hacia la hipoactivación.

Señales de alerta para monitorear

2. Interrupción verbal breve y validante

Ante los primeros signos, se recomienda una intervención verbal corta que nombre lo que se observa sin patologizar: “Noto que tu voz cambió y pareciera que te fuiste un poco de la sala. ¿Podemos parar un momento acá?”. El objetivo es interrumpir el proceso disociativo sin generar vergüenza ni sobresalto.

3. Técnicas sensoriales de anclaje

Se introducen estímulos concretos: pedirle al paciente que nombre cinco objetos que ve en la sala, que presione los pies contra el piso, que sostenga un objeto de textura marcada (una piedra, una pelota antiestrés) o que beba un sorbo de agua fría. Estas intervenciones buscan activar el procesamiento sensorial presente por sobre el contenido disociativo.

4. Reorientación cognitiva

Preguntas simples de orientación (“¿qué día es hoy?”, “¿en qué ciudad estamos?”, “¿cómo se llama este lugar?”) ayudan a reconstruir el marco témporo-espacial y a reducir la sensación de desconexión.

5. Regulación vagal complementaria

Cuando el paciente puede sostener la atención, se puede incorporar una breve pauta de respiración lenta y prolongada en la exhalación, orientada a favorecer la activación parasimpática. Esta estrategia se apoya en los hallazgos revisados por Gitler et al. (2025) sobre neuromodulación vagal no invasiva, aunque cabe recordar que esa revisión no evalúa específicamente su eficacia en cuadros disociativos agudos en sesión.

6. Retorno progresivo al contenido clínico

Solo una vez que el paciente muestra signos claros de estar dentro de la ventana de tolerancia (contacto visual sostenido, habla fluida, orientación adecuada) se retoma el contenido de la sesión, idealmente con un ritmo más pausado que antes de la interrupción.

7. Registro y revisión posterior

Documentar el episodio —duración, señales observadas, intervención utilizada y respuesta del paciente— permite ajustar el protocolo en sesiones futuras y detectar patrones (por ejemplo, temas o momentos específicos que disparan la disociación).

Consideraciones para adaptar el protocolo en trauma complejo

En pacientes con trauma complejo, la disociación puede ser más frecuente e intensa, y las intervenciones de grounding pueden necesitar mayor repetición o combinarse con estrategias de estabilización más amplias. González (2018) enfatiza que, en estos casos, adaptar los procedimientos terapéuticos —incluyendo el ritmo de exposición a contenido emocional— es una condición de seguridad, no una excepción ocasional. Esto implica que el protocolo de grounding no debería pensarse como una técnica aislada, sino como parte de un plan de tratamiento que contemple explícitamente el manejo de la ventana de tolerancia a lo largo de todo el proceso.

Límites de la evidencia actual

Es necesario ser honestos respecto al estado de la evidencia. El modelo de la ventana de tolerancia (Corrigan et al., 2011) es un desarrollo teórico y de revisión conceptual, sin datos empíricos primarios ni ensayos clínicos controlados que lo pongan a prueba directamente. La definición operacional del grounding (Hammond y Brown, 2026) sistematiza el concepto pero tampoco evalúa su eficacia mediante ensayos controlados. La revisión sobre neuromodulación vagal (Gitler et al., 2025) incluye estudios heterogéneos, no todos aleatorizados, y su aplicación a la disociación clínica requiere más investigación específica. El trabajo sobre grounding en danza-movimiento terapia (Ji-An Lee, 2025) es teórico y de calidad metodológica baja según los criterios habituales de revisión, con aplicabilidad limitada fuera de ese contexto específico. Finalmente, la reflexión de González (2018) sobre seguridad en trauma complejo es clínica y no empírica.

En conjunto, esto significa que el protocolo propuesto en este artículo integra principios razonables derivados de marcos teóricos consolidados y de consideraciones clínicas de seguridad, pero no debe presentarse como una intervención con eficacia demostrada en ensayos controlados específicos para el manejo de la disociación en sesión.

Conclusiones

El modelo de la ventana de tolerancia sigue siendo, hasta la fecha, el marco conceptual más útil para organizar clínicamente el manejo de la disociación en sesión. Un protocolo de grounding estructurado —detección temprana, interrupción verbal, anclaje sensorial, reorientación cognitiva, regulación vagal y retorno progresivo al contenido— permite intervenir con mayor consistencia y menor improvisación ante estos episodios. Sin embargo, la evidencia disponible es todavía mayormente teórica y conceptual, por lo que la aplicación de este protocolo debe basarse en el juicio clínico, la formación específica en trauma y la adaptación permanente a las particularidades de cada paciente.

Preguntas frecuentes

¿El grounding sirve para todos los tipos de disociación?

No necesariamente. Las técnicas de grounding suelen ser más efectivas ante disociación leve a moderada (desrealización, despersonalización, embotamiento). Ante cuadros disociativos más severos o estructurados (por ejemplo, con amnesia disociativa o cambios de estado marcados), puede ser necesario un abordaje más amplio de estabilización, idealmente supervisado por profesionales con formación específica en trauma complejo.

¿Cuánto tiempo debe durar una intervención de grounding en sesión?

No hay un tiempo estándar validado empíricamente. En la práctica clínica suele bastar con algunos minutos (entre dos y diez, aproximadamente) para observar signos de retorno a la ventana de tolerancia, pero esto varía según la intensidad del episodio y la historia del paciente.

¿Qué hacer si el paciente no responde al grounding?

Si tras varios intentos el paciente permanece disociado, es recomendable priorizar la contención y la seguridad por sobre la continuidad de la sesión: bajar el ritmo, evitar nueva estimulación emocional, y evaluar si es necesario finalizar el encuentro antes de tiempo o coordinar acompañamiento adicional según el caso.

Referencias

  1. Corrigan, F. M., Fisher, J. J., & Nutt, D. J. (2011). Autonomic dysregulation and the Window of Tolerance model of the effects of complex emotional trauma. Journal of Psychopharmacology. https://doi.org/10.1177/0269881109354930
  2. Hammond, J., & Brown, W. J. (2026). Building an Operational Definition of Grounding. Trauma, Violence & Abuse. https://doi.org/10.1177/15248380251343189
  3. Gitler, A., Bar Yosef, Y., Kotzer, U., & Levine, A. D. (2025). Harnessing non-invasive vagal neuromodulation: HRV biofeedback and SSP for cardiovascular and autonomic regulation (Review). Medicine International. https://doi.org/10.3892/mi.2025.236
  4. Lee, J.-A. (2025). Grounding Techniques in Dance Movement Therapy for Presence: A Theoretical Review from the Perspective of Polyvagal Theory. Korea Dance Movement Psychotherapy Association. https://doi.org/10.30768/kdmpa.2025.9.2.33
  5. González, A. (2018). Eye Movement Desensitization and Reprocessing (EMDR) in Complex Trauma and Dissociation: Reflections on Safety, Efficacy and the Need for Adapting Procedures. Frontiers in the Psychotherapy of Trauma and Dissociation. https://doi.org/10.46716/ftpd.2018.0012